Autor: 14 Mayo 2007

Javier Sáez de Ibarra

Un fenómeno

Llueve.

Verdaderamente.

Si fuera escritor, quizá tendría que imaginar una manera inédita de hablar del sonido de la lluvia, ver dónde coloco palabras como aguacero, trueno rodante, cielo. Algo difícil, por descontado. Aunque la benevolencia del lector acaso supliese mi torpeza.

Si perteneciera a un equipo de fútbol, tal vez maldeciría la lluvia que nos interrumpe el partido; o quizá disfrutase más en jugar con ella, empapadas las ropas, chorreantes el cabello, la cara, las piernas, el balón entre las zapatillas.

Como no soy padre de hijos pequeños, no tengo que volver a casa fastidiado porque se ha malogrado la salida prevista con ellos; no tengo que ponerme a pensar cómo llenar este rato de antes de la cena, o si adelantarles el baño y que se acuesten pronto.

El caso es que llueve.

Verdaderamente. Y no soy ninguno de esos.

Conque trato de quedarme callado junto a la ventana, mirando cómo es lo del fenómeno del agua, su conocido ruido al caer y tropezar con los tejados o las barandillas, su consabido aroma, y también el hastío o el formidable paréntesis que nos impone.

La lluvia delante, que si no lo veo no lo creo.

Para mí toda; sea quien fuere, pase lo que pase.

El pulpo

El pulpo toca delicadamente el mundo con las extremidades de su poderosa cabezota.

No es un pez.

Pero flota y nada. Aprehende allí por donde va lo que se encuentra.

Es extraño.

Pero él sabe muchas cosas que guarda en el fondo de su piel brillante y metamórfica.

A veces sufre tanto

que escribe aprisa y se emborrona de furia.

Para que pueda proseguir su camino

el mar entero limpia sus huellas

y pone nueva claridad entre las aguas.

Texto del realista

El realista escritor realista ha declarado en algún suplemento literario:

Sólo quiero contar, lo mejor que sepa, una historia.

Y también en una revista especializada, en alguna invitación, en algún sitio:

Mi único compromiso es con el lenguaje.

En su despacho, frente al ordenador, el escritor realista-realista, tras las inevitables vacilaciones, teclea:

Cae agua. Del cielo.

Dulce. Si abro la boca, mal, la puedo beber.

Para beber bien yo mismo, o más gente, tendría que organizar su recogida.

Pero, ¿no estará envenenada?

Y, sin embargo, cae por sí sola.

De pronto, el escritor realista ve, con asombro, que su cuento se le ha llenado de política, de economía, de ciencia, de metafísica y, como se descuide, se le aparecerá el buen Dios.

Variaciones sobre el intelectual

Uno

Mis lecciones, el sonido del papel al pasar la página, haber leído, por ejemplo, la estructura del signo o la dialéctica de la Ilustración, esto es, sus dos caras: la luminosa y la imperialista, los debates consiguientes, las maniobras intelectuales con el fin del ruido del tráfico lejos de la ventana, esta gente que va, hace ruido con el claxon, llega tarde seguramente, debería pensar en llenar ya el depósito, los que no esperan el veredicto de las reflexiones.

Dos

Pero también es verdad

que un centenar de pájaros

ponen cada noche y en la invisibilidad de cada día

sus patas en nuestras cabezas

para alejarnos del mundo con inquietantes asociaciones.

¿Qué significa simple, qué significa depósito, qué significa llegar ya…?

Invitación a pensar(se)

Aquí está la cuestión para el hombre moderno:

Es cierto que hemos retrocedido a nuestro cuerpo como banco de pruebas,

Pero:

¿cómo distinguimos la felicidad de la coca-cola?

Los exasperados

Es increíble la velocidad que alcanza a los automóviles.


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