Autor: Rafael Suárez Plácido 20 Julio 2011

La aventura

La Aventura
José Luis García Martín
Edición de Rosa Navarro Durán
Editorial Renacimiento
Colección Antologías
ISBN: 978-84-8472-617-3
236 páginas
Sevilla, 2011

Con sólo veintidós años el poeta nos avisa de cuáles van a ser sus intenciones. En el poema “Adolescencia”, que no está recogido en esta antología, nos muestra la búsqueda de la ciudad deseada, también nos hace partícipes de los riesgos de la noche y de la presencia de cuerpos extraños y tibios que le empezaron a mostrar que todo lo que conseguimos terminará dejándonos “semillas de desgana y de melancolía”. Al final del poema se hace la pregunta que muchos también nos hacemos: “¿Y a dónde iré que no me sienta extraño?

Rosa Navarro Durán se ha encargado de elaborar la antología de la obra poética de José Luis García Martín (Aldeanueva, 1950), y para ella ha escogido unos cien poemas y ha decidido dejar fuera de la selección ese, quizá por demasiado temprano o quizá, sencillamente, porque son sólo cien poemas a escoger de entre todos sus libros. Son varios los libros, de alguna pudorosa manera, autocensurados o casi, y también algunas ediciones resultan hoy prácticamente inencontrables, por lo que no tendría claro de cuántos libros de poemas estamos hablando. Sólo hasta Material perecedero. Poesía 1972-1998, se citan dieciocho poemarios. Posteriores y “oficiales” son cuatro. Rosa Navarro incluye poemas de once de ellos a los que añade tres poemas inéditos. Es difícil decidir. Cada lector podría hacer su propia antología. Es difícil.

Lo que sí que es cierto es que José Luis García Martín, poeta extremeño aunque afincado desde casi siempre en Asturias y de quien se puede utilizar ese apelativo de “ciudadano del mundo” sin temor a equivocarse demasiado, pese a su obra poética ingente y deslumbrante, aparece más en los medios por otros motivos. En parte se podría decir que él lo quiso así. Sus Diarios ofrecen un panorama de la vida, especialmente de la vida literaria, del país desde 1989, siempre desde una perspectiva personal e independiente, siempre anotando lo que otros callan, a veces porque no lo saben (no es excusa válida), a veces porque no se atreven a escribirlo públicamente. Y eso crea enemigos. En este país no se perdona al que sobresale, y menos si cuestiona lo que para otros es incuestionable. Su labor crítica ha sido y es aún más importante. Conozco a bastantes poetas que no le perdonarán nunca no haber sido reseñados por él. Y lo cierto es que si lo hubieran sido tampoco le perdonarían no haber sido “bien tratados”. Pero hay otra faceta suya que me ha interesado siempre mucho: la de maestro o guía de varias generaciones de poetas asturianos. Algunas de las voces que más me interesan de la poesía española actual fueron forjándose en las distintas sedes de la tertulia Oliver. Sus consejos, sus lecturas, su ayuda (en todos los sentidos) ha ido cimentando las bases de lectores y poetas actuales. Todo esto, en definitiva, ha ido eclipsando la que es una de las obras más interesantes y perdurables del momento actual. La colección Antologías, que hará volver a retomar su prestigio de antaño a la sevillana editorial Renacimiento con la obra de algunas de las voces indispensables del siglo XX, así se lo ha sabido reconocer con este tomo: La aventura (2011).

La aventura es vital y poética. El viaje por su obra, comienza con los versos memorables de “Dido y Eneas”. Hace suya o nuestra, la voz de la reina despechada: “Fracasar es un arte que tú ignoras. / Se aprende lentamente, en largas tardes / y rincones oscuros, se aprende entre los brazos / que fingen un calor que no perdura. / (…) … y yo te vi / partir hacia otro mundo en donde yo no existo.” Eso es el amor en versión García Martín. Esos cuerpos tibios, presentidos o sentidos, que fingen que estarán aquí para siempre. Otro personaje de la cultura clásica, Nausica, retoma esa misma idea: “… Un día / supe en sueños que / muy lejos te esperaban. Yo debía / tan sólo dar asilo al caminante / por unas pocas noches.” Y lo hace sin mostrar rencor, sólo agradeciendo lo que le ha tocado vivir. Es muy difícil escribir versos de amor tan sinceros, tan verdaderos. García Martín lo consigue evitando siempre caer en los tópicos manidos. En su poema “Epitafio”, donde toma la voz, o da la suya, al propio Pessoa, una de sus referencias inexcusables, escribe: “Una mujer me amó o dijo que me amaba. / Yo sólo amé palabras sin ventura.”

Uno de sus libros más valorados es Treinta monedas. El título hace referencia al precio de la traición de Judas Iscariote. En el poema “Pro domo sua” responde a los que le preguntaron sus motivos: “¿Celos, amor, resentimiento? / ¿Qué poco me conocen los que afirman / tales cosas! (…) No me arrepiento. Gracias a mi traición, / tú no podrás traicionar a nadie.” La traición forma parte de la lealtad. Parece un aforismo de Nietzsche. Pero es cierto y difícil: lo fácil es permanecer fingiendo incluso cuando el amor ya no existe. “Un poeta menor” responde, en la línea de Borges y, aun antes, de Quevedo, con un tono humorístico más propio de este último, a la idea del éxito en vida: “Haberlo sido todo y no ser nada… / ¿Triste destino? ¡Ojalá fuera el mío!” Este fino humor, esta ironía que sería bueno que asumieran los receptores de algunas de sus críticas, toma más aun los ritmos borgeanos a lo largo de este libro. Lo encontramos así en “Apuntes para un epitafo al poeta sueco Stagnelius”: “No hubo brillo en mi vida. Sólo brillan mis versos. / (…) Le resumen dos fechas. Y un puñado de versos.”

Sus libros El pasajero y Principios y finales, formarían junto a Treinta monedas un segundo bloque principal en su obra, que delimitaría su Poesía casi completa: Material perecedero (Nobel, 1998). Pero yo incluiría los poemas nuevos de este libro en la tercera parte de su obra, la que más me interesa, la que ofrece su voz más personal. La Poesía borra la memoria o hace más fácil su olvido. La Poesía es indispensable para seguir viviendo: “Palabras que vienen de muy lejos, / palabras que son aire y son de nadie / esta mañana borran lo que han sido, / borran el mundo, borran su sonrisa.” El poeta sabe ya lo que ha de hacer para sentirse a salvo: “… esa voz / tan dulce es una trampa. ¿Alguien llora? / Es sólo el viento: no hagas caso.”

En la tercera parte de su obra, incluimos Al doblar la esquina, Mudanza y Légamo. Del primero selecciona Rosa Navarro algunos de sus poemas más celebrados: “Anna Ajmátova”, “Simone”, “Infancia y nieve”: versos conmovedores dedicados a su padre, “A un estudiante caído en el frente del este en 1941” o “El balcón”: “No queda ni una brizna de dolor esta tarde. / La enmohecida rueda de los siglos / ha girado de pronto, y no hay memoria / ni de ti ni de mí…

El libro más representado en La Aventura es Légamo, si no el mejor, si uno de los mejores. Desde luego, es el último de los publicados, el que nos podría dar una imagen más actual de su Poesía. ¿Cuántos poetas con obra extensa podrían decir algo así? La mayoría siguen publicando en un ejercicio deshonesto de rutina, en la necesidad de seguir permaneciendo. El caso de García Martín es diferente: los veintiséis poemas aquí incluidos dan una idea bastante exacta de Légamo. El poeta aún se maravilla y continúa encontrando la belleza del mundo. Algo así pretendo ofrecer con estos versos del poema “La mañana”:

La primera mañana en al ciudad,
desconocido entre desconocidos,
Adán de ingenuos ojos
que no se cansa de mirar
un reluciente paraíso,
la primer mañana del mundo.

La voz poética de José Luis García Martín es cierta y verdadera, una voz que siempre buscará mirar esa “primera mañana del mundo”. Una de las voces más impactantes del momento actual de la Poesía en nuestro idioma. Lean La Aventura, o Légamo o Mudanza, su anterior antología en Pre-textos, más extensa que esta. Y ya me contarán.


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