Autor: 31 enero 2006

Blaga Dimitrova: Espacios
La Poesía, señor hidalgo, Barcelona, 2006

Para festejar el día 24 de mayo en la escuela hacíamos coronas de flores para adornar las imágenes de los dos hermanos Cirilo y Metodio que nos dieron el alfabeto y desfilábamos y cantábamos el himno “¡Adelante, pueblo renovado!” que los glorifica. Muchos intelectuales querrían que este día fuera la fiesta nacional más prestigiosa de Bulgaria, el Día de la escritura eslava, de los Santos hermanos patronos de Europa. Para esta fecha una poeta y traductora búlgara ha entretejido su corona de letras cirílicas y latinas, vertiendo al español una selección de poemas de la gran poeta búlgara Blaga Dimitrova (1922–2003). El poemario bilingüe Espacios ha sido publicado por la editorial barcelonesa La poesía, señor hidalgo, que reúne lo mejor de la poesía mundial. La selección ha sido hecha por la propia traductora, Zhivka Báltadzhieva, 130 poemas de la vasta obra poética de Blaga Dimitrova —más de 40 poemarios—. La antóloga ha optado por ofrecer a los lectores “una perspectiva en cierto grado emancipada de la historia y circunstancias en que ha sido creada la obra”, como explica al principio de su traducción. No obstante, los poemas llevan debajo las fechas de su creación o publicación (excepto no más de una media docena) y fácilmente se pueden situar cronológicamente. Pertenecen a los poemarios Tiempo inverso (Обраmно вреmе, 1966), Condenados a amar (Осъдени на любов, 1967), Instantes (Мигове, 1968), Como (Как, 1974), Gong (Гонг, 1976), Mar prohibido (Забранено море, 1976), Espacios (Пространства, 1980), Memoria, poesías escogidas (Памет, избрани сtихове, 1982), Voz (Глас, 1987), Laberinto (Лабиринт, 1987), Más allá del amor (Отвъд любовта, 1987), Al comienzo otra vez (И пак отначало, 1994), Grafías de alas (Крилописи, 1997), Hasta el borde (До ръба, 1999), Tiempos (Времена, 2000), entre otros. Al final del libro traducido aparecen algunos poemas tempranos —del año 1937, y hasta del 1953— con rimas, que pronto desaparecerán de sus poemarios, ya que su voz buscará el verso libre, tan libre como su pensamiento, fuera del coro poético. “Voz presente en las conciencias a lo largo de más de sesenta años; voz que todo lo cuestiona, ella se ha convertido para todo el mundo en Bulgaria en simplemente Blaga. No necesita apellidos. Forma parte de nuestro círculo íntimo, de nuestra vida interior.”, subraya Zhivka Báltadzhieva en su prólogo “El inmortal espíritu humano”. Poeta ella misma, ha enriquecido su prólogo con los frutos de largos años de investigación sobre la poesía de Blaga Dimitrova, así como con su experiencia como profesora de lengua y literatura búlgaras en la Universidad Complutense de Madrid. El interés de sus estudiantes por los versos de Blaga y sus intentos de traducirlos han sido algunos de los principales motivos de la aparición de esta antología, cuyo título, Espacios, ha sido tomado de un poemario de la gran poeta, publicado en 1980, un libro novedoso que en su tiempo provocó la relectura de sus libros anteriores. Ausentada de su país durante más de dos décadas, Báltadzhieva sigue oyendo la voz íntima e inquietante de Blaga, que repercute en la traducción con la resonancia de la palabra verdaderamente poética. Porque el potente río verbal del original no ha perdido fuerza alguna al desembocar en el mar de la lengua ajena. Con maestría y paciencia, la traductora ha elaborado los versos durante largos años como si estuvieran escritos por ella misma. Confiesa que esta antología es muy personal y que todos sus intentos de aplicar un criterio de selección más objetivo han resultado vanos.

No sé si la autora llegó a conocer la selección definitiva de su poesía, puesto que nos dejó hace tres años, pocos días después de presentarse el primer tomo de su obra completa, 22 tomos, de los que la editorial búlgara ha publicado ya seis. En la presentación de este primer tomo, por supuesto dedicado a su poesía temprana, la autora, que acababa de salir del hospital, adonde pronto regresó para no volver a salir nunca más, estaba sentada entre el público, completamente callada en contra de su costumbre. Pero su voz llenaba los espacios de la sala 10 del Palacio Nacional de Cultura de Sofía y de las almas de los presentes, como los llena hasta ahora, tan naturalmente como el susurro del viento y el azote de la lluvia, el canto de los pájaros y el rugido del mar. “Blaga Dimitrova sabe transformar el pensamiento en poesía, la contemplación en ritmo y aroma, los colores en ideas, el juicio en fragancia, la imagen en una definición ética.

Raras veces una pluma de mujer es tan espiritual y tan sensitiva a la vez. Sin duda, esta aleación surge tal como las clarividencias nacen del dolor, personal o nacional. Eso es el Mar Negro —¡qué caos, qué revolución, qué motín histórico!—. A pesar de todo, la poesía de Dimitrova lanza una sonrisa modesta y serena a través del abismo. El recuerdo de esta sonrisa desde hace mucho tiempo está vivo en mí. Y ahora la descubro de nuevo en su estudio, sobreviviendo en medio de la hostilidad; un sol sale sobre el Mar Negro, el sol del talento de una mujer…” Con esta cita de Julia Kristeva empieza un pequeño cuaderno bilingüe de la poesía de Blaga, publicado en Málaga en 1999, justo el día 24 de mayo, por el Centro Cultural Generación 27, donde se presentaron cinco poetas búlgaros en el ciclo de la poesía europea de este centro. El modesto cuaderno contiene cinco fragmentos del poema largo Mar prohibido (1976), traducidos por el maestro de los traductores búlgaros Tódor Néikov, cuya versión de El Quijote mereció el Gran Premio a la traducción de obras españolas del Ministerio de Cultura de España en 1985. El traductor ya no vivía y no pudo revisar su versión, hecha según un original temprano que la autora no conservaba. Para mostrar su respeto al gran amigo traductor, Blaga quiso que el cuaderno llevara aquella primera traducción y los poemas originales retocados varias veces después por ella misma. Recibió con una gran ilusión la invitación de venir a Málaga junto con los otros poetas búlgaros, pero ella, que había recorrido los cinco continentes, unos días antes del viaje rompió el brazo y no pudo ver satisfecho su deseo de conocer España.

Ahora su voz llega a los espacios españoles gracias a la mano hábil de Zhivka Báltadzhieva. Dicen que la poesía es lo que se pierde en la traducción. Que no es así lo confirma una vez más esta primera antología bilingüe de Blaga Dimitrova, que recomiendo sinceramente al lector hispanohablante y también a los búlgaros y los eslavistas en esta tierra hospitalaria. Con las palabras finales del poema “Claustrofobia” de Blaga, dichas por Zhivka Baltadzhieva: “El espacio: / sobrearriesgado sin fin. / No sea que de sopetón / volemos / y todo lo alumbremos / con luz propia”.

Rada Panchovska


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